Francisco Leiro presenta en la Galería Moisés Pérez de Albéniz de Pamplona (Larrabide, 21), desde el 15 de mayo de 2009, una exposición con su obra más reciente. Con su inconfundible estilo, Leiro, aunque atraviesa por diferentes etapas, siempre obedeciendo a una figuración expresionista, mantiene como referente fundamental la utilización de la figura humana. Valiéndose de recursos historicistas, en su escultura a menudo se yuxtaponen formas figurativas con otras biomórficas o constructivistas, lo que da origen a piezas con connotaciones alegóricas. El retrato psicológico de los personajes es asimismo un factor importante en la escultura de este artista, así como la utilización de elementos narrativos.
El núcleo de esta exposición lo constituyen un conjunto de esculturas monumentales realizadas expresamente para esta sala. Construyendo un bosque alegórico, grandes figuras femeninas se estilizan hacia lo alto o se ocultan el rostro con las manos. Se trata de una escena de desastre colectivo que recuerda a su obra Recolectoras (2003) que escenifica la catástrofe ecológica del Prestige.
Otra figura, Operario, podría ser un integrante de los equipos de rescate. Trabaja en el suelo, tal vez buscando restos de vida entre lo que no pueden ser sino escombros. Como contrapunto del dolor, la presencia de una reportera indica el modo mediatizado en el que tomamos actualmente contacto con el dolor ajeno.
El poder inmenso de estas figuras brota de su diálogo con lo negativo. Como dice Kevin Power, el punto de encuentro de este extraño reparto parece hallarse en los desiertos interiores de nuestra sensibilidad contemporánea.