Santiago García presenta en la galería Moisés Pérez Albéniz de Pamplona la exposición titulada Abriendo Piscinas, que recoge el trabajo de estos últimos años.
Fue en la exposición de Silencios, en la Sala Baluarte de Pamplona, donde pudimos atisbar algunas de estas obras, que ahora se presentan en su conjunto materializando este encuentro.
Abriendo Piscinas es un extracto del título de una de sus obras: “Una de las cerca de 600.000 piscinas que abrieron ayer sus puertas”. El poder evocador y sugerente de los títulos —pie de fotografías de diferentes periódicos— tiene mucho y nada que ver con estas imágenes.
La singularidad de esta nueva exposición es la elección de la técnica: aguadas en blanco y negro, que matizan la diversidad de tonos grises, sobre papel Arches. Singular porque deja tras él, en el pasado, sus cuadros al óleo tan personales como únicos. Deliberadamente elige esta técnica porque le aporta un trabajo más pausado, más cuidado, donde se exige el máximo respeto. El diálogo que mantiene durante el proceso le impone sus reglas, haciéndole a veces frenarse porque en ella no cabe la rectificación.
Asimismo, la elección de sus tonos, acromáticos, es deliberada. Algunos pueden pensar que el rechazo al color sea un error. Santiago demuestra que no es necesario nada más, en el tránsito entre el blanco y el negro, para sugerir y dejar fluir. No es su propósito definir o atrapar; al contrario, nos demuestra que es una pintura sin complejos, donde no hay prisa, pero sí contención. Realmente, es en el balancín donde se elige lo justo y lo necesario, huyendo del exceso.
De las situaciones iniciales —fotografías— donde se eligieron las formas no quedan reminiscencias en las imágenes finales. De-construye los dibujos y los contornos, para elaborar imágenes que aportan movimiento, contraste, claroscuros, silencios: aportando sensaciones evocadoras.
No son meros juegos compositivos. Es en el pulso que se mantiene en el proceso creativo donde las trasparencias justas de las manchas le indican el camino, hasta que al final la imagen vibra. Es entonces cuando el dibujo respira por sí solo, con la singularidad de la sencillez y la modestia.
El conjunto de Abriendo Piscinas nos transmite una extraña sensación de atemporalidad.
Mª José Eceolaza