La Galería Moisés Pérez de Albéniz presenta de nuevo una exposición individual del artista Fernando Pagola. Es parte de sus últimos trabajos en los que los formatos y materiales siguen siendo básicamente los mismos, es decir papel sobre distintos soportes, aunque también en esta ocasión hay ciertos cambios que permiten apreciar la versatilidad que este material aparentemente limitado puede admitir en las manos del artista donostiarra.
Como el propio autor suele argumentar, las galerías y Museos son lugares idóneos para la experimentación y en esta ocasión, dejada de lado su faceta figurativa que pudimos observar recientemente en el Museo de Navarra, ha optado por utilizar sprays que permiten gestos y distancias más amplias, generando una pintura más lírica que tiende a envolver. El factor físico utilizado -como no podía ser de otra forma- condiciona los contenidos recordando en ocasiones los arabescos matissianos, y en otras piezas, como el gran mural que protagoniza la exposición en el que las formas se entrelazan unas con otras recordando aquellas grandes composiciones casi abstractas de Monet, el gran precursor de la pintura moderna en sus composiciones ninfeas de 1914 a 1917.
La otra parte que compone la exposición presente, llama la atención sobre un trabajo más abstracto y constructivo utilizando el collage y recorte de papeles en capas de forma que el espacio que se crea entre ellos comienza a sugerir ciertas transparencias y cualidades nuevas transcurriendo con fluidez entre el grafito y la policromía siempre sobre las misma hojas humildes de papel de periódico pintado y recortado.
En cualquier caso y como suele ser habitual en el trabajo pictórico de Pagola, el contraste y la confrontación entre trabajos aparentemente distintos suele generar reacciones internas en ocasiones sorprendentes, siempre sugerentes que conducen a una visión del mundo que guarda estrecha relación con lo que sucede en el ámbito interno del propio realizador. En ese desgranar de formas ambiguas, a veces luminosas y brillantes y otras conscientemente confusas, en las cuales reconocemos el sedimento de nuestra memoria, vamos intuyendo el lado oculto de las cosas y los espacios que las contienen.