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Florencio Alonso
Morar-transitar

21.01.2005

Una mirada diferente sobre un objeto cotidiano puede filtrarse en nuestra mente de forma singular, dejando un poso significativo en la memoria: Los objetos en el espacio pierden su sentido ordinario, ofreciendo una idea muy distinta a la habitual. Desde esa clase de vivencia, nuestra estancia más confortable podría convertirse en el jardín más abismado.

Recuerdo con cierta inquietud, la curiosidad de niño, al observar la desnudez de las estructuras de viviendas en construcción; un ámbito de provisionalidad, desolado, sin paredes ni suelo y escaleras perdiéndose en el vacío...

En mis últimas obras, impera una narrativa del entorno inmediato, de la atracción por lo urbano, el hábitat, el espacio concomitante. La razón la desconozco; se trata de un impulso interno e impredecible, de un intercambio recíproco entre objeto y sujeto, una necesidad emergente de vivencia personal con el citado espacio. Desde una geometría adyacente, y la necesidad de configurarla abandonada, laberíntica, de perspectivas imposibles, se desvela el campo descriptivo del transeúnte, estableciendo el carácter de los acontecimientos.

La pintura, como medio, verifica la credibilidad del concepto en el proceso, dejando abierta la posibilidad a la improvisación, permitiéndome deslizarme más allá de lo estrictamente planeado, para dejar la puerta abierta a las sensaciones, valorando los diferentes estados anímicos: Unas veces, la realidad se torna fría, calculada, aséptica; otras, se muestra enmarañada, sucia, descuidada. En cualquier caso, no se trata exclusivamente de una reflexión del espacio inmediato, sino del tiempo en el que estoy inmerso, transitando.